domingo, 14 de janeiro de 2018

Bajo el Sepulcro. Capítulo II (final)

La superpoderosa de topcito chiquilindrín taladrado por sus inquietos pezones, dientes de leche, rubita rosa del gen perdido en Catoira por las embestidas vikingas, baila por The Doors -Cada vez que los oigo, escucho cosas distintas. -susurra en la oreja a Moucho en la pista del Caimán-. Calle avenida carretera. Bloque de ladrillo rojo rodeado de gallinas y huertas y ropa secando al sol desde el que se ve el Pico Sacro de cuya cumbre las brigadas de limpieza se afanan en retirar el negro lengüetazo del chapapote. Piso compartido con Alvaro y con Luis, otro de Pouzas, que vive de visceras en el blog, quemando uñas en los acordes de Under the Bridge, que nunca sale del cuarto porque se baja de la Red hasta la novia que le suministra pizzas y condones.
Cuando Moucho se cruza en la escalera con los vecinos de abajo la señora escenifica su desagrado.
-Tú eres el del cuarto de enmedio, no? El de las botazas!. -asegura hacia su severo marido-.
 Duermes sintiendo que la perspicaz vecina, adiestrada para la caza de comandos durmientes de ETA, masca cada crujido de tu somier, que teje jerseys meciéndose frente a tu almohada. Cuando hay fiesta son miradas de reproche que camuflan nostalgias de un pais en el que nunca estuvo. La bombilla de la cocina parpadea en un psicocharco de matices en crecimiento la basura no se baja sola en la nevera un huevo frito con una miga incrustrada en la yema calcetines fosilizados una pota quemada poco gas ducha fría. Han entrado en mi cuarto para abducir la Play, los apuntes mojados y cuando llevo alguna tía son sonrisas asomando de las paredes. No salen a por mujeres, pero quieren las mías.
-Cómo aguantas? -reprocha la superpoderosa sin encontrar un rincón que no pringue para dejar la camiseta. 

Aulas con bronquitis.

-Las tías lo que tienen es complejo de Edipo. Por eso no follan. -Alvaro, sus labiazos disparando la tesis-


-Chúpamela!
-No! Que quede algo para Hermes...

El dueño del Breogan, miraba a sus menguantes clientes con odio de clase, los brazos cruzados respaldados por el poster con la hoz solitaria. Irmandiño airado desde los tiempos de los siervos, no fíaba a los skins y le molestaban los críos de Galiza Nova. "Sois burgueses", espetaba hacia los vasos del fregadero. Finalmente, vende por cuatro duros el mesón zozobrado en la que lleva veinte años consumiéndose a Aparecida, sibilante brasileña en tersa vejez, que lo transforma, tras aventar con un redoble de Oxum el espíritu del Camarada-Presidente, en una taberna alternativa tras cuya barra coloca a Txema, hermano bueno de Anxo y cachondo antiglobalizador por antonomasia de la zona vieja, para que se lo llene de chavalas, que los tíos ya vendrán detrás.

La Niña que se quiere ir hace passings con mazas hechizando a los turistas cuando se suelta la llovizna transparente que huele a muérdago y la piedra exhala Milladoiro. Una vez se le escapó el diabolo enganchándose en un balcón del colegio de Fonseca, -Que perdiste o qué? Un trasnu? -preguntaba divertido el bedel arremangándose para buscar el travieso volador. Es bajita, usa vestidos morados o sudaderas negras con capucha reflexiva y la protege desde el cuello un medallón Wicca. La niña que se quiere ir vive en unas casitas blancas enfrente de la colegiata del Sar. Escribe poemas y canta. Le gustaría ser andaluza. Aún recental, se colaba sola y con maruja en el pazo del jabalí encantado y ya iba al botellón de la Alameda, la previa antes de los discobares de bombo y caja donde los tiburones que la llevaban en cochazo hasta la playa, la ponían turca a cubatas y farlopa, rayas como puños. Espectante con los nuevos estudiantes y los erráticos peregrinos, un tren al que subirse, y le gusta José Ramones, siempre en su ángulo en el Caimán, espectante, con los bolsillos llenos de merca para todos los consumos. Pero caen muy ciegos en la cama. Vuelve al día siguiente con barritas de incienso y espaguetis chinos y se cobra la cuenta con aquellos cojones enormes, rebosantes de leche. Corridas de toro, lechazos en la cara, en las tetas, resbalando hasta el ombligo con pendiente lacrimoso. Anal, le gusta anal, pero es un problema porque se caga sistemáticamente aunque perjure que no lo volverá a hacer. -Esto es mucho, -recogiendo la leche entre las manos, en cuenco para restregarsela por la cara- Es buena para el cutis...buff! -Eres mucho. -ríe bajo la ducha seminal-. El Mucho, O Moucho. Alvaro, que asneaba por el pasillo, cazó al vuelo al Moucho y, antes de que José Ramones amaneciese, extendió por la Facultad el nombre de la lechuza que trapichea, nocturna y alevosa, esquinada en la otra dimensión del Cruceiro. Iba a ser el Mucho, pero la interferencia con patas trajo al Moucho.
Una greña de souvenir.
Y fue así como Moucho consiguió la cola de caballo, el nombre, un pequeño pendiente y mogollón de archivos de psitrance. Y se van a Sanfermines, pero la cosa no funciona aunque al ovular la luna montan un supershow con cadenas de fuego y mazas embrujadas con el "Do you feel my love?" de banda sonora pero Moucho pasa de contar céntimos y de sacar siempre, siempre la goma cagada. No cuelan las retractaciones con rubores esplendorosos de pomar de fadas aunque acaben en numerito sado. La goma cagada otra vez; así que en el corro Moucho pesca a una antípoda que ha saltado el mundo decidida a dejarse los morros en la fuente de la Navarrería. Cuando se están comiendo unos bocatas txistorra en la Herriko de Zumalacarregui, un fuerte olor a sobaquera prefigura la llegada de Koitz sin camiseta, venteando la fibra alfileteada de sus brazos, su cinturón de pinchos sobre la malla roja que le estruja el paquetorro y su cresta tecnicolor. Koitz, punk de la margen izquierda, preso de patas en Karla, viguesa residente en la diocesis de Prisciliana.
-...entró con la rastrilladora...cabrones, Viva Franco!!...se lanzó contra los que dormían...sacamos a la peña como pudimos...se llevó a dos en las aspas... un brazo volando, hizo zumo...los de las txosnas detrás de él...el chorbo daba volantazos, pero lo engancharon...hicieron una soga...lo iban a linchar...entonces cargaron los Nacionales y se lo llevaron...les tiramos de todo...mira como me han dejado el brazo -un pelotazo de goma como un cráter, humo-.
Koitz reposa en el calimotxo de Moucho. La antípoda da saltitos impacientes a su alrededor. Se está meando.
-Y qué? Vas a volver por Santiago este año?
-Claro -se hincha el Moucho-. Empiezo Tercero de Historia en la Universidad de Santiago de Compostela.
-Pues yo tengo una casa alquilada en el Pedroso. Tranquila...pero a diez minutos de la zona vieja, no creas... muy tranquila. Es monte y enmedio de Santiago!! Flipa!! Estamos solos yo y mi chica. Buscamos un inquilino...






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